jueves, 29 de abril de 2010

Formas de educar


   Formas de educar
 
 
  Se ha escrito sobre tres formas de educar: la espontánea, que consiste en “dejar hacer” al educando, en no intervenir, ni orientar, ni estimular. El chico se mueve según sus propias normas de conducta. En ocasiones, detrás de esta actitud está el abandonismo y el dimitir de las responsabilidades de educador.
   Otra forma es el voluntarismo, según la cual el educando se autoeduca con esfuerzos personales, fortaleciendo su fuerza de voluntad. El educando no se dirige a lo que le gusta o apetece, sino a lo que a la larga es mejor para él. Esta forma de educar es aconsejable, aunque sin caer en los excesos.
   La tercera forma de educar sería la vía intermedia entre las dos anteriores. El chico conoce y vive unas normas de conducta claras en la familia, en la escuela y en la sociedad y a la vez desarrolla su libertad responsablemente. El educando se mueve entre la autoridad de los educadores y la libertad personal. Ambos elementos son necesarios. Podemos decir que educar es convertir a alguien en una persona más libre e independiente. Si el proceso educativo esclaviza y no libera de verdad, a la larga tendrá un valor negativo.
   Pero el hombre es un ser inacabado y siempre necesita estar haciéndose a sí mismo. En otras palabras, la formación no termina nunca. Es el eterno retornello que comporta todo lo humano. Es un proceso gradual y ascendente que conduce a la realización más completa de la persona, tanto de sus facultades personales (físicas, intelectuales, afectivas y de la voluntad) como de sus relaciones con los demás (familia, amistades y sociedad).
   El educador no sólo ha de transmitir conocimientos sino enseñar a vivir y de aquí emergen los valores. Se han de tener objetivos claros como dice esta máxima: Nihil volitum nisi praecognitum, es decir, no hay voluntad si no hay conocimiento de la meta. Y el objetivo es el conjunto de valores humanos y sobrenaturales, que los educandos han de conocer y asimilar. La labor del educador sería como la de un sabio en frase de Sócrates a su amigo Hipócrates: “Un sabio es un comerciante que vende géneros de los que se nutre el alma”.

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